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Conociendo Japón: los combini

Ante todo, avisaros que en este artículo voy a daros mi más humilde opinión, fruto de mis viviencias, que en nueve viajes a Japón han sido algunas… y que espero sean más porque a mi me apetece ir más.

Voy a hablar de las tiendas estas que supuestamente abren 24 horas pero que luego veremos que no todas abren 24 horas y por eso finalmente las llaman combini, que viene de «Convenience store» porque está abierta cuando muchas tiendas está cerradas, o sea, que es una tienda muy conveniente.

Algunos de los combini más famosos

La verdad es que luego te topas con supermercados normales de los de «toda la vida» que abren hasta las doce de la noche y ves que no es oro todo lo que reluce, entonces ¿por qué tanto rollito con estas tiendas? Pues no es porque abran hasta las mil y monas, es  porque das una patada a un bote y aparecen trescientasmil.

Depende de dónde estén, puedes encontrar cosas distintas en su estantería, por ejemplo: si estás en un distrito donde sabes que los oficinistas van a ir a beber después del trabajo y a las 8 de la tarde están ya hechos una pena, pues ahí está el combini para salvarte la vida y tienen camisitas y mudas nuevas para que te vayas a tu hotel cápsula a dormir la mona, que no estás para conducir, ni mucho menos andar hasta el metro más cercano, no vaya a ser que te caigas a la vía y tengamos un disgusto.

La verdad es que esto es una maravilla, me encantan esos sets que tienen de gel de baño y champú por si se te ha olvidado por ahí… ¡Es que tenéis que verlo, tienen de todo! Hasta cositas para escribir… y siempre hay un montón de gente en la sección de revistas leyendo manga.

Otra cosa que me encanta es la nevera con mogollón de bebidas frías, es una de las cosas que más echo de menos de Japón, las bebidas frías y poder ir a las comidas preparadas y que no todo sean fritos o ensaladas con más calorías que las hamburguesas.

Y lo que decía… depende del sitio, no todas abren 24 horas, la que estaba en el barrio donde yo vivía en Osaka, cerraba como a las 3 de la madrugada y abría luego a las 6 y alguna de los pueblitos donde he estado, cerraba a eso de las 12… depende mucho del sitio donde estén.

Pero hablemos una por una de las más famosas:

Super conocida en el mundo entero, el Seven Eleven siempre tiene unas promociones mega llamativas aunque muchas veces para mi gusto, los precios siempre son un poco más elevados que la media.

Yo siempre asocio el Seven Eleven a las promociones de los cacharritos de Snoopy y a los helados a mogollón, pero lo evito porque soy un poco rata y me gusta ahorrar. Admito que también tiene cosas de buena calidad y que quizá por eso puede que sea más caro, pero moriré envenenada por rácana antes que derrochar.

Ahí está… el capitalismo del Seven Eleven sin límites… dándote la posibilidad de sacar dinero en todos los lados XD No, bueno, ahora en serio, le agradezco a estos chicos que nos pongan cajeros porque era un rollo buscar las oficinas de cajeros cada vez que había que sacar unos yenes… por el amor de Amidabuda…

Por otro lado, Seven Eleven también tiene su marca blanca y tiene algunos productos que preparan en el momento muy ricos, como los frankfurtos (salchichitas), los panecillos, el pollo frito, oden… pero eso es común en la mayoría de los combini un poco grandecitos.

Me gusta mucho esta tienda, sobre todo los panecillos y los bocatas de yakisoba que hacen (sí, ¿qué pasa? Ya podéis dilapidarme, ¡ME GUSTAN LOS BOCATAS DE FIDEOS!).

Había un Family Mart en el barrio donde tenía la residencia en Osaka y ahí pasaron muchas cosas cuando íbamos a comprar Jumbos (helados gigantes de barquillo con chocolate):

Una tía borracha en bici primero me atropelló, luego se disculpó y cuando me volví a sentar para seguir con mi cena, se me cayó encima con bici y todo… Podría haberla denunciado que la koban (el puesto de policía) estaba a unos metros, pero la pobre daba penica.

El Family Mart está por muchos sitios y tiene unos precios guays y muchas cosas ricas, es uno de mis favoritos porque, aunque no es de los más baratos, el precio es aceptable y tiene todo lo que más me gusta como el flan blanco, los yogures de fresa, la gelatina de mandarina, los sandwiches de «nocilla» rara japonesa y también las chuminadas estas típicas de los combini que te preparan en plan pollo, salchichitas, el oden y las patatas asadas en otoño…

Esta es la modalidad «normal» del Lawson. Esta cadena se disgregó luego en varios tipos de tienda haciéndo que yo me montara un pollo monumental en la cabeza de proporciones épicas.

En mi barrio cambiaron la tienda 99 por un Lawson 100 y un kilómetro más allá pusieron un Lawson verdecito cuyo concepto intuí yo que era como ecológico o algo así, porque tenía una zanahoria y algún que otro vegetal en el letrero. Total, que yo al que iba era al Lawson 100 que era el barato, como os podéis imaginar, pero no solo por eso, era porque cruzaba la calle y ya estaba ahí.

Lo malo del Lawson 100 es que a veces no tenía muchas cosas que yo quería y terminaba yéndome al super o a otros combinis, de hecho acabé tomando gelatinas porque no me traían los yogures de fresa que a mi me gustaban.

Para lo que está muy bien el Lawson 100 sobre todo es para las bebidas y para las chuminadas de consumo inmediato, porque si buscas algo en concreto… meh.

Los Lawson generales ya si son más completitos y más como el Family Mart, de hecho, antes para comprar entradas para el museo Ghibli tenías que hacerlo en las tiendas Lawson, aunque todavía no me imagino cómo y no sé si todavía se hace así…

Este es uno de los «raretes», de los que entras sin tener preferencia alguna porque dices: meh, me da igual…

La verdad es que a mi me pareció que de precio está un poco más barato que el Family, pero todo esto también siempre depende de la zona.

Yo a este lo tengo clasificado como de baratejo y como de que no siempre hay las cosas que más me gustan, aunque para un apaño me sirve porque lo típico de la comida preparada y las bebidas lo tiene.

De este también veréis un montón si vais a Japón.

Podéis confiar en su calidad como si estuvierais en un Family Mart, no tengo nada más que añadir al respecto.

Esto, sobre todo para los que somos más mayorcitos, es impactante e impresionante…

La verdad es que me faltan algunos, como el de Yamazaki, del que cabe destacar lo bueno que está el pan y otros más… pero se me hacía largo el post…

¿Y vosotros? ¿Tenéis algún favorito?

Receta del sábado: Okonomiyaki

SÁBADO DE RECETA
HOY: OKONOMIYAKI

Iniciamos una sección de recetas para que hagáis en casita los fines de semana, ya sea para una cena con amigos, para la comida familiar o simplemente para impresionar a alguien con tus habilidades recién adquiridas confeccionando comida exótica.

Con estas recetas sencillas dejarás a todos alucinados, a esta gente que piensa que la comida japonesa solo es pescado crudo. Vamos a enseñarles que están muy equivocados, el sushi no lo es todo en un mundo culinario tan rico y variado.

Hoy os traigo uno de mis platos favoritos: el okonomiyaki.

Este es un plato curioso, porque su nombre significa algo así como «lo que a ti te guste» o «lo que tú decidas». Es uno de esos platos como las croquetas o la pizza, en los que metes un poco de todo, aunque se parece más a ésta última y lleva mucha más verdura.

No me explayaré mucho explicando las variedades pero segun la zona hay diferentes maneras de prepararla y hay veces que hasta lleva fideos de ramen por encima, me encanta la que lleva fideos por encima… Con esta receta, podéis probar a ponérselos, ¿sabéis?

Bueno, pues primero os pongo el vídeo y luego os explico:

Segun este vídeo en 10 minutos y con una sartén, puedes preparar un delicioso okonomiyaki como un verdadero profesional, solo necesitas los siguientes ingredientes:

En el cuenco amarillo tenemos una especie de harina especial para okonomiyaki que encontraréis en tiendas especializadas como japonshop.com o tokyoya pero alguna vez he utilizado la harina de tempura del mercadona aunque no sale muy igual.

Lo de los dos huevitos creo que está claro ¿no? Eso no tiene pérdida ninguna.

El arroz inflado podéis ponerlo o no, yo lo añadiría opcionalmente… La verdad es que podéis sustituirlo por zanahorias, tiritas de bacon, cebollita frita (aunque esto último sea menos auténtico) u otras verduritas.

Por último la col, que eso sí que es importante y un elemento ineludible en toda receta de okonomiyaki, es un elemento principal.

Una cosa de la que se han olvidado aquí en el principio del vídeo, pero que os lo pongo yo para que lo preparéis en la lista de la compra, es el bacon o la panceta, que estos se creen que todo el mundo tenemos en la nevera estas cosas de fijo y no. Necesitaremos unas lonchitas para luego ponérselas a nuestro okonomiyaki y que quede con una base más sóida. Si eres vegano te sugiero que le pongas calabacín que no le pongas huevo, puedes ponerle más masa y rellenar con más vegetales.

Mezcla todo a cascoporro como si no hubiera un mañana

Pues muy fácil, tú mezclas la harina con agua hasta que tenga una textura como para hacer un rebozado. Luego cortas la col tal como te dicen ahí, a tres centímetros, así que saca la regla no vaya a ser que te equivoques y te salga un cachito un milímetro más largo que otro y lo tengas que desechar… XD

Después de haberte esmerado en cortar bien la col, mezclas todos los ingredientes en el bol amarillo ese, si no tienes uno amarillo, lo pintas… o no. Que mira, que da igual, que tú lo mezclas que te va a salir igual.

Lo extiendes bien sobre la sarten para que quede bien así en forma de tortillita como las de las abuelas y lo dejas preparadito para plantarle unas ricas lonchas de bacon o panceta de la buena.

Como dije antes, la versión vegana puede hacerse con calabacín o similares… aquí no discriminamos.

En este paso también se le podían agregar los fideos de los que hablamos antes en vez del bacon, pero ya no le daríamos la vuelta, en cambio, quizá lo que sería recomendable era poner el bacon de base y dejar los fideos encima.

Se le pone la tapita para que se cueza un poquito durante cinco minutitos.

Como veis en la imagen, aquí se le ha dado la vuelta para que se haga el bacon y se ha agregado una cucharadita de agua para que se cueza durante cinco minutitos.

Con fideos puedes darle la vuelta o no, yo los he visto hechos de las dos maneras, pero vamos, eso a gusto de cada uno.

Pasados los cinco minutos, se retira, se le agrega la salsa y ya si queréis ponerle el alguita en polvo es vuestra decisión. Sé que hay mucha gente que no le gusta mucho el tema alga y también es complicado encontrar esta variedad.

Otra opción es cortar pequeñas tiritas de nori y presentarla así, que también queda bonito y es perfectamente aceptable.

Y bueno, hasta aquí esta receta, ya me contaréis qué tal os ha salido. Podéis comentar, poner fotos y lo que queráis.

Mi primer viaje a Japón: El comienzo de todo…

Hoy os voy a hablar un poco de mi primer viaje a Japón…

Sentaos un ratito que me voy a poner en modo abuela cuentacuentos, pero os promezo que no será un plastazo y que algo sacaréis de este post, aunque sea una pequeña cefalea.

Mapa de Wazuka, ese pueblín...

A ver, yo en aquel tiempo tenía 23 años y estaba en el momento más álgido de mi vena friki. Me juntaba con gente que me incitaba a esta mala vida de llenar mis estanterías de mangas y juegos de rol.

Todos soñábamos con ir «al paraíso» e incluso planeamos viajar un puñado de frikis juntos en amor y compañía, allá por el 2001, cuando la odisea no fue precísamente en el espacio, si no que un tal Mohamed y sus amigos, decidieron poner en práctica lo que habían aprendido en el Flight Simulator y montaron un pifostio de proporciones épicas.

Total, que si a mi ya no me gustaban los aviones, pues ahora menos, pero aun así, por ir a Japón estaba dispuesta a todo, tanto como estar a las 6 de la mañana en la puerta de la delegación de la Xunta de Galicia, ahí, con la fresca al ladito del mar, para conseguir una de las dos plazas que había para el campo de trabajo en Japón que promocionaba el INJUVE.

Cuando conseguí mi plaza, casi descorchan una botella de licor café para celebrarlo, de esas de casa… ¡Que estamos en Galicia!.

Iba super preparada aunque no lo creáis.

Así que me preparé el viaje como una loca, buscando hoteles en Osaka y en Tokio que era donde iba a estar unos días antes y otros después de que acabara el campo de trabajo.

Lo tenía todo super controlado e incluso busqué un montón de sitios para visitar, pero ¿sabéis lo primero que hice al aterrizar? ¡Qué bien me conocéis! Pues sí, me fui de compras mientras los señores del hotel preparaban mi cuarto porque había llegado a Osaka como a las 10 de la mañana.

En esos primeros momentos estaba tan emocionada que todo me daba igual, no me importó que tuviera que defenderme exclusivamente en japonés cuando yo solo había asistido un año y un curso de verano a clase. Yo, en ese momento y como es mi costumbre, me dedicaba a contarle mi vida a todo el mundo, que hacía que me entendía, menos el del taxi que me tenía que llevar al hotel, al que tuve que darle la tarjeta del susodicho local para que el señor no se flipara.

El castillo de Osaka
Un gato japonés durmiendo a la sombra... esta foto es premonitoria, ahí encontré mi vocación de hacerle fotos a los gatos y llenar mis dispositivos electrónicos de ellas.

Os puedo decir que estaba tan alucinada y en éxtasis continuo (Santa Teresa una looser a mi lado), que no comí nada en dos días, hasta que me empezó a doler la tripa y pensé: Se me olvida algo… y al olor del ramen del castillo de Osaka, me di cuenta. Ni habiendo subido antes al castillo de Himeji, ni siquiera cuando subí al monte Sosha solo para ver dónde habían rodado un cacho de «El último samurai», me acordé de nutrirme. Para ser brutalmente honesta, yo tenía (y tengo, pero menos) reservas como para pasar un apocalipsis zombie y me vino de perlas. Niñas y niños, no hagáis esto en casa.

El campo de trabajo con la gente trabajando y yo haciendo la foto.

Después de dos o tres días en los que volví a comer y se me pasó el jet-lag, tocaba irse al pueblín, que no teníamos ni puñetera idea de donde estaba todos los que éramos extranjeros, así que el tío que estaba «al mando» dijo que nos iría a buscar a la estación de Kamo, lo más cercano al pueblo donde llegaban las vías del tren.

Allí me encontré con dos franceses, uno que no paraba de quejarse todo el rato y otra chica muy maja. Nos fuimos a tomar un ramen y aguantamos al otro tío quejándose de que no había un tenedor… A ver, pedorro, estamos en un pueblín de Japón, ¿qué esperabas? ¿Que te sacaran la cubertería de plata?

Bueno pues pasé 15 días cultivando té, intentando que no me comieran los bichos y haciendo cosas muy divertidas como visitar a las abuelitas del pueblo y cantar temas tradicionales con un organillo Casio, que ríete tu del auto-tune, hasta ir a un cole de primaria donde me encontré rodeada de pequeñas criaturas haciéndome trencitas en el pelo, yo contándoles mi vida y ellas la suya.

A ver si os creéis que yo no trabajé nada...

La verdad es que esas experiencias no las volveré a vivir nunca, y aunque suene meláncólico, creo que mi encuentro con la serpiente en medio del monte es algo que me alegro si no se vuelve a repetir.

Tengo que agradecer los consejos de mis compis de campo de trabajo, porque gracias al consejo de una chiquina italiana, aprendí algo que me sería muy útil en la vida y en mis viajes futuros: que la oficina de correos te salvará la vida en tus horas más oscuras.

En la oficina de correos era el único sitio donde se podía sacar dinero con tarjetas extranjeras, ahora con lo de las olimpiadas están mejorando esto. Además me dijo: En la maleta no te va a caber todo lo que te has comprado, ¡envíalo por correo! Y eso he hecho todos los años que he visitado Japón, porque desde luego que no me iba yo a quedar sin comprar.

Totoro vendiendo tickets en su trabajo a tiempo parcial

Después del campo de trabajo, yo me fui en Shinkansen a Tokio y ahí quedé con mi amigo Shimpei, fan del Celta que conoció mi hermano en Balaidos, para ir al museo Ghibli, que había comprado entradas.

La verdad es que en aquel viaje aun me encantaba Tokio, ahora muchas veces me cuesta salir de Akihabara y Harajuku. En aquel momento no me había enamorado aun de Osaka, pero habría más viajes, que os iré contando poco a poco.

Y bueno, si queréis podéis preguntarme más cosas, que este post ha sido muy resumidito.

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